La palidez, el cansancio más rápido, la falta de apetito o las dificultades para concentrarse pueden llevar a los padres a revisar el estado del hierro de su hijo. Sin embargo, estos síntomas no son exclusivos del déficit de hierro. El diagnóstico requiere hablar con el médico, examinar al niño e interpretar correctamente los resultados.
La ferritina refleja las reservas de hierro del organismo. Un nivel bajo suele indicar que estas reservas se están agotando, pero el resultado siempre debe valorarse teniendo en cuenta la edad del niño, los síntomas, el hemograma y su estado de salud. La ferritina también es una proteína de fase aguda, por lo que durante una infección o inflamación puede ser normal o elevada a pesar de existir déficit de hierro [1].
¿De dónde procede el déficit de hierro en los niños?
Las necesidades de hierro son especialmente altas durante los periodos de crecimiento intenso. Tienen mayor riesgo de déficit, entre otros, los bebés prematuros, los niños con bajo peso al nacer, los lactantes durante la introducción de la alimentación complementaria, los niños con una alimentación muy selectiva y las adolescentes con menstruaciones abundantes.
En los lactantes, son importantes el momento de inicio y la calidad de la alimentación complementaria. Hacia los 6 meses de vida, las reservas acumuladas antes del nacimiento disminuyen gradualmente, por lo que el menú debe incluir regularmente alimentos que contengan hierro. Las necesidades de los bebés y niños pequeños en relación con su peso corporal son relativamente altas [3].
En los niños mayores de 1 año, un problema frecuente es el consumo excesivo de leche, que sacia y puede desplazar de la dieta la carne, el pescado, las legumbres, los huevos y los productos enriquecidos con hierro. La leche de vaca no debe ofrecerse como bebida principal antes de los 12 meses de edad. Los niños mayores no tienen que eliminar los lácteos, pero su cantidad debe adaptarse a la edad y al patrón alimentario global [2].
Otras posibles causas son los sangrados crónicos, los trastornos de absorción, las enfermedades gastrointestinales, la inflamación crónica y las mayores pérdidas de sangre. Por este motivo, una ferritina baja no debe atribuirse automáticamente solo a la dieta.
¿Qué síntomas pueden acompañar al déficit de hierro?
En las primeras etapas, el déficit puede no causar molestias evidentes. Con el tiempo, los padres pueden observar:
- palidez de la piel y las mucosas,
- cansancio más rápido y menor tolerancia al ejercicio,
- somnolencia, debilidad o irritabilidad,
- empeoramiento del apetito,
- dificultades de concentración y aprendizaje,
- dolores de cabeza o mareos,
- una necesidad inusual de comer sustancias no comestibles, como tierra, tiza o papel.
Ninguno de estos síntomas confirma por sí solo un déficit de hierro. Molestias similares pueden aparecer en infecciones, trastornos del sueño, enfermedades tiroideas y muchas otras situaciones.
Ferritina baja y anemia
La ferritina baja y la anemia no son lo mismo. Las reservas de hierro pueden disminuir antes de que baje la concentración de hemoglobina. A su vez, la anemia puede tener una causa distinta al déficit de hierro.
El médico puede solicitar un hemograma con parámetros de los glóbulos rojos, ferritina y, según el caso, marcadores de inflamación y otras pruebas. El resultado no debe interpretarse comparando únicamente un valor con el rango indicado por el laboratorio. También importan la edad del niño, las infecciones recientes, las enfermedades crónicas y los preparados utilizados previamente.
¿Qué comer si la ferritina está baja?
La alimentación debe aportar regularmente hierro, proteínas y la energía necesaria para el crecimiento. El hierro se presenta en los alimentos en dos formas principales: hemo y no hemo.
Fuentes de hierro hemo
El hierro hemo está presente en los alimentos de origen animal y, por lo general, se absorbe mejor que el hierro no hemo. Sus fuentes incluyen:
- carne de vacuno, ternera y cerdo,
- pavo y pollo, especialmente la carne más oscura,
- pescado,
- huevos, que pueden complementar la dieta, aunque no se encuentran entre las fuentes más ricas en hierro.
Las vísceras contienen mucho hierro, pero debido a su alto contenido, entre otros nutrientes, de vitamina A, no deben considerarse una forma diaria de mejorar los resultados. Conviene consultar con un especialista antes de ofrecérselas al niño.
Fuentes vegetales de hierro
El hierro no hemo se encuentra, entre otros alimentos, en:
- lentejas, alubias, garbanzos y guisantes,
- tofu y otros productos de soja adecuados para la edad,
- copos de avena, cereales y pan integral,
- pipas y semillas ofrecidas en una forma segura para el niño,
- productos de cereales y papillas enriquecidas con hierro,
- verduras de hoja verde.
Los alimentos vegetales pueden ser una parte importante de la dieta, pero el hierro que contienen se absorbe en menor medida. En una alimentación vegetariana o vegana son especialmente importantes la variedad, la regularidad y la supervisión de una correcta planificación de las comidas. Las necesidades de hierro cambian con la edad y el ritmo de crecimiento del niño [5].
¿Por qué conviene añadir vitamina C?
La vitamina C aumenta la absorción del hierro no hemo. No es necesario utilizar un preparado especial: normalmente basta con combinar una fuente de hierro con una verdura o fruta. Lo importante es el conjunto de la comida, no un único producto «mejor» [4].
Algunas combinaciones prácticas son:
- papilla enriquecida con hierro con fresas, kiwi o puré de fruta,
- avena con frambuesas o grosellas,
- hummus con pimiento o tomate,
- paté de lentejas con perejil y verduras,
- carne o pescado con brócoli, ensalada o chucrut adecuado para la edad,
- guiso de alubias con tomate.
La remolacha y las espinacas pueden formar parte de una dieta variada, pero por sí solas no bastan para corregir un déficit. No se debe basar todo el plan de alimentación en una única verdura, zumo o puré.
¿Qué puede limitar el aprovechamiento del hierro de las comidas?
No es necesario eliminar grupos enteros de alimentos. Sin embargo, conviene prestar atención a varios aspectos:
- Exceso de leche: puede disminuir el apetito por comidas más nutritivas y desplazar las fuentes de hierro.
- Té y cacao: los compuestos que contienen pueden limitar la absorción del hierro no hemo, por lo que no son las mejores bebidas para acompañar una comida rica en hierro.
- Dieta poco variada: un menú basado principalmente en pan, lácteos y aperitivos puede aportar muy poco hierro, incluso aunque el niño coma con regularidad.
- Bajo aporte energético: las porciones muy pequeñas y la sustitución frecuente de las comidas por bebidas dificultan cubrir las necesidades.
Los lácteos siguen siendo una fuente importante de proteínas y calcio. No es necesario establecer intervalos estrictos entre cada comida y un producto lácteo. Es más importante evitar una cantidad excesiva de leche y procurar que a lo largo del día haya espacio para distintos alimentos ricos en hierro.
Ejemplo de menú para favorecer el aporte de hierro
Las siguientes propuestas son ejemplos y no un plan de tratamiento individualizado. El tamaño de las porciones, la textura y el número de comidas deben adaptarse a la edad, el apetito, las habilidades de masticación y las posibles alergias del niño.
Niños de 1 a 3 años
- Desayuno: papilla enriquecida con hierro con puré de frambuesas o fresas.
- Media mañana: pan con hummus y trozos blandos de pimiento.
- Comida: albóndigas de pavo, cereal y brócoli.
- Merienda: fruta y paté de alubias servido con pan.
- Cena: sopa de lentejas rojas y tomate.
Niños de 4 a 6 años
- Desayuno: avena con kiwi o grosellas.
- Media mañana: bocadillo con carne asada o paté de garbanzos y tomate.
- Comida: guiso de ternera o de alubias, trigo sarraceno y ensalada con pimiento.
- Merienda: fruta y pan con pasta de huevo.
- Cena: paté de lentejas con verduras.
Niños de 7 a 12 años
- Desayuno: avena con frutos rojos y semillas molidas.
- Media mañana: bocadillos con carne, tofu o hummus y pimiento.
- Comida: pescado, carne o legumbres, cereal y verduras ricas en vitamina C.
- Merienda: ensalada con garbanzos y tomate.
- Cena: huevo, paté de alubias o sopa de lentejas.
¿Cómo actuar ante la selectividad alimentaria?
La presión, obligar al niño a comer y esconder grandes cantidades de alimentos nuevos no suelen ayudar a construir una relación segura con la comida. Es preferible ofrecer regularmente una pequeña porción de un alimento rico en hierro junto a alimentos que el niño ya acepta.
Se puede cambiar la forma de presentación: la carne puede ofrecerse como una albóndiga blanda, las legumbres como paté o como ingrediente de una salsa, y los cereales enriquecidos como parte de un desayuno conocido. Si el niño acepta muy pocos alimentos, siente miedo ante la comida, se atraganta, tiene dificultades para masticar o no crece adecuadamente, puede ser necesaria la consulta con el pediatra, un dietista pediátrico o un especialista en terapia de alimentación.
¿Basta con la dieta?
Mejorar la alimentación es importante, pero cuando el déficit o la anemia están confirmados, puede no ser suficiente para reponer las reservas. Las recomendaciones polacas para el abordaje en niños contemplan el tratamiento con un preparado de hierro ajustado a la edad, el peso corporal, los resultados y la causa del déficit [1].
No se debe iniciar la suplementación por cuenta propia, cambiar la dosis ni administrar al niño un preparado destinado a adultos. El exceso de hierro puede ser tóxico, y la ingestión accidental de una dosis alta requiere atención médica urgente. Los preparados deben guardarse fuera del alcance de los niños.
Tampoco puede predecirse una mejoría rápida solo a partir de un cambio en el menú. La velocidad de reposición de las reservas depende del grado de déficit, su causa, el tratamiento y las enfermedades coexistentes. El médico debe establecer cuándo controlar los resultados.
¿Cuándo consultar al médico o a un especialista?
Una ferritina baja, un hemograma alterado o síntomas persistentes que sugieran un déficit requieren una consulta pediátrica. No conviene retrasar la visita si el niño:
- está claramente pálido, débil o somnoliento de forma constante,
- se cansa rápidamente o tiene palpitaciones,
- rechaza la comida, pierde peso o no crece adecuadamente,
- tiene diarrea crónica, dolor abdominal, sangre en las heces u otros síntomas gastrointestinales,
- come sustancias no comestibles,
- tiene una dieta muy limitada,
- nació prematuramente o tiene una enfermedad crónica,
- tiene menstruaciones abundantes.
Requieren una valoración urgente la falta de aire en reposo, el desmayo, la debilidad intensa, las alteraciones de la consciencia, un ritmo cardíaco muy rápido o la sospecha de ingestión de una gran cantidad de un preparado de hierro.
Preguntas frecuentes
¿La ferritina baja siempre significa déficit de hierro?
La ferritina baja suele indicar unas reservas de hierro reducidas. Sin embargo, su interpretación requiere tener en cuenta la edad, el hemograma, los síntomas y el estado clínico. Durante una infección o inflamación, la ferritina puede aumentar y no revelar un déficit existente.
¿Se puede dar hierro a un niño sin consultar?
No. La dosis depende, entre otros factores, del peso corporal, los resultados y el objetivo del preparado. El hierro en exceso es tóxico, por lo que la suplementación debe ser indicada y supervisada por un médico.
¿Un niño con ferritina baja debe dejar la leche?
Por lo general, no es necesario retirar por completo la leche ni los lácteos. Sin embargo, es importante valorar si el niño los consume en una cantidad que limite el apetito por otros alimentos. Conviene hablar con el pediatra o dietista sobre la cantidad adecuada de leche.
¿Cómo combinar mejor los alimentos ricos en hierro?
A los alimentos vegetales que contienen hierro conviene añadirles una fuente de vitamina C, como pimiento, brócoli, tomate, kiwi, fresas o frutos rojos. Para acompañar la comida, es mejor ofrecer agua en lugar de té o cacao.
¿La remolacha aumenta la ferritina?
La remolacha es una verdura nutritiva, pero no contiene suficiente hierro bien absorbible como para tratar por sí sola un déficit. Puede formar parte de una dieta variada, pero no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento indicado.
Resumen
Cuando la ferritina está baja, conviene ofrecer al niño regularmente carne, pescado, legumbres, productos de cereales enriquecidos con hierro y otras fuentes de este nutriente. Es recomendable combinar los alimentos vegetales con verduras o frutas ricas en vitamina C. Al mismo tiempo, hay que evitar que grandes cantidades de leche y aperitivos desplacen las comidas completas y nutritivas.
La alimentación ayuda a cubrir las necesidades, pero no sustituye la valoración médica. La ferritina debe interpretarse en el contexto clínico y la suplementación con hierro no debe iniciarse por cuenta propia.
Fuentes
- Recomendaciones polacas sobre el déficit de hierro en niños.
- Centers for Disease Control and Prevention, Déficit de hierro en niños.
- Revisión científica: Estado del hierro en lactantes y niños pequeños.
- Centro Nacional de Educación Nutricional, Anemia por déficit de hierro.
- Revisión científica: Necesidades de hierro en niños.