Peor sueño entre los 8 y 10 meses: ¿qué puede cambiar?
Un bebé que hasta ahora dormía de forma bastante predecible puede empezar de repente a despertarse más a menudo por la noche, protestar al acostarlo o acortar sus siestas. El término «regresión del sueño» es una forma popular de llamar a este empeoramiento temporal, pero no es un diagnóstico médico ni una etapa que deba aparecer en todos los bebés.
El desarrollo del sueño durante el primer año de vida no es lineal. En su calidad influyen, entre otros factores, la maduración del ritmo circadiano, las nuevas habilidades, las emociones, el estado de salud y los cambios en la organización de las siestas [3]. Por eso, una sola noche difícil no tiene por qué indicar el inicio de un problema más prolongado.
Alrededor de los 8–10 meses, las familias pueden observar:
- despertares nocturnos más frecuentes y llamadas al cuidador,
- llanto o tensión al acostarlo en la cuna,
- siestas más cortas o más difíciles,
- mayor necesidad de contacto también durante el día,
- que se siente, se ponga de pie o se gire al despertarse,
- mayor irritabilidad al final de la tarde.
Los síntomas pueden fluctuar: una noche mejor puede ir seguida de otra más difícil. En lugar de asumir una duración concreta, conviene observar durante unos días el panorama completo: el sueño, el apetito, el comportamiento y el bienestar del bebé.
¿Por qué el bebé se despierta más a menudo?
Por lo general, no hay una única causa. Un sueño más difícil puede deberse a la combinación de la necesidad de cercanía, un intenso desarrollo motor y unas necesidades de siesta cambiantes.
Separación y necesidad de la presencia de los padres
En la segunda mitad del primer año de vida, el bebé comprende cada vez mejor que sus padres pueden alejarse. Por ello, puede reaccionar con más intensidad cuando su cuidador sale de la habitación y, tras un despertar nocturno, comprobar si esa persona cercana sigue a su lado. Esta reacción es una parte frecuente del desarrollo emocional y puede dificultar temporalmente el momento de dormirse [1].
La necesidad de cercanía no significa que el bebé esté manipulando a sus padres. Al mismo tiempo, la inquietud habitual relacionada con la separación no debe identificarse automáticamente con un trastorno de ansiedad. El diagnóstico de un trastorno requiere valorar la intensidad, la duración, el impacto de los síntomas en el funcionamiento diario y la etapa de desarrollo del niño [2].
Nuevas habilidades motoras
El bebé puede practicar sentarse, gatear o ponerse de pie también dentro de la cuna. A veces ya puede incorporarse agarrándose a los barrotes, pero todavía no sabe volver a sentarse o tumbarse de forma segura. La frustración de quedarse atrapado en una nueva postura puede despertarlo aún más.
Durante el día, conviene permitirle moverse libremente sobre una superficie segura. Es útil practicar no solo ponerse de pie, sino también bajar, sentarse y tumbarse con calma. Sin embargo, no se deben utilizar andadores ni forzar el desarrollo motor.
Siestas cambiantes
A esta edad, algunos niños empiezan a pasar a dos siestas, mientras que otros siguen necesitando tres de forma ocasional. No existe un único horario adecuado para todos los bebés. Dormir demasiado poco durante el día puede provocar sobrecansancio, pero una siesta demasiado tardía o larga puede dificultar que se duerma por la noche.
Según las recomendaciones de la AASM, los bebés de 4 a 12 meses suelen necesitar entre 12 y 16 horas de sueño al día en total, incluidas las siestas [4]. Es un intervalo amplio: más importante que alcanzar una cifra concreta es el bienestar del bebé, la facilidad para dormirse y su funcionamiento durante el día.
¿Cómo distinguir una etapa del desarrollo de una enfermedad o de un horario poco adecuado?
Por lo general, no es posible determinar la causa de los despertares basándose en una sola noche. Merece la pena observar al bebé durante varios días y anotar los horarios de sueño, la duración de las siestas, la forma de conciliar el sueño y los síntomas que aparecen durante el día.
Las dificultades que aparecen regularmente a una hora similar, acostarse muy tarde, un despertar matutino que se va retrasando poco a poco o una protesta diaria prolongada antes de dormir pueden indicar que influye el ritmo del día. En cambio, una mayor necesidad de presencia, el llanto principalmente al separarse y practicar nuevos movimientos por la noche suelen acompañar más a los cambios del desarrollo.
Sin embargo, no todos los despertares deben atribuirse a la dentición o a una «regresión». La fiebre, la tos, la congestión nasal que dificulta respirar, los vómitos, la diarrea, el decaimiento, el dolor evidente o un cambio en el apetito son motivos para valorar el estado de salud del bebé.
¿Qué hacer durante los despertares nocturnos?
Lo más útil es responder de forma tranquila y predecible. Si el bebé se ha sentado o puesto de pie y no consigue volver a una postura cómoda, puedes acercarte, ayudarle a tumbarse y usar una frase breve y conocida. Por la noche, conviene limitar la luz intensa, las conversaciones y el juego.
- Espera un momento breve si el bebé está tranquilo y puede volver a dormirse por sí solo.
- Responde cuando el llanto aumente o el bebé necesite ayuda para cambiar de postura.
- Intenta calmarlo de una manera lo más parecida posible en los despertares posteriores.
- Comprueba sus necesidades básicas: hambre, pañal mojado, temperatura ambiente y señales de malestar.
- Una vez calmado, vuelve a crear las condiciones que favorecen el sueño.
Si el bebé sigue necesitando tomas nocturnas, no se deben retirar solo por su edad. La frecuencia de las tomas depende, entre otros factores, de la forma de alimentación, el crecimiento y el estado de salud. Conviene hablar de cualquier duda con el pediatra o un asesor de lactancia.
¿Qué hacer y qué evitar?
Qué puede ayudar
- Una rutina breve y constante: bajar el ritmo, atenuar la luz, realizar una actividad tranquila y terminar cada noche de forma similar.
- Pequeños ajustes del horario: si el bebé tarda mucho en dormirse de forma habitual, se puede mover un elemento del día 10–15 minutos y observar el efecto durante varios días.
- Acostarlo antes después de siestas poco reparadoras: tras un día especialmente cansado, adelantar ligeramente la hora de dormir puede limitar el sobrecansancio.
- Cercanía durante el día: el juego compartido, el contacto y las separaciones breves y predecibles ayudan al bebé a familiarizarse gradualmente con la ausencia de sus padres.
- Actividad motora segura: el bebé debe tener oportunidades de practicar los cambios de postura bajo la supervisión de un adulto.
Qué es mejor evitar
- cambiar a la vez el horario, la rutina, el lugar de sueño y la forma de responder,
- mantener despierto intencionadamente a un bebé muy cansado con la esperanza de que «duerma mejor toda la noche»,
- despertarlo más durante los despertares con luz intensa, juegos o llevándolo a otra habitación sin necesidad,
- ignorar los síntomas de dolor o enfermedad,
- usar medicamentos, suplementos o productos para dormir sin recomendación médica,
- dejar en la cuna almohadas, edredones, protectores, cuñas, nidos o peluches.
El sueño seguro sigue siendo lo más importante
El bebé debe colocarse para dormir boca arriba, sobre un colchón firme y plano, en una cuna sin objetos sueltos ni blandos. Si ya se gira solo en ambas direcciones, no es necesario recolocarlo de boca abajo a boca arriba durante toda la noche, pero siempre debe acostarse inicialmente boca arriba. Las recomendaciones sobre sueño seguro también se aplican cuando los despertares son frecuentes y los padres están muy cansados [5].
Si existe riesgo de que el adulto se quede dormido mientras calma al bebé, es más seguro acostarlo en su propia cuna. Quedarse dormido con un bebé en el sofá o en un sillón es especialmente peligroso.
¿Cuándo consultar a un médico o especialista?
Es recomendable contactar con el pediatra si el empeoramiento del sueño se acompaña de síntomas de enfermedad o si las dificultades son duraderas y afectan claramente al funcionamiento del bebé o de la familia.
Se requiere atención médica urgente ante:
- dificultad para respirar, coloración azulada, flacidez o problemas para despertar al bebé,
- convulsiones o un cambio repentino y evidente en el nivel de consciencia,
- signos de deshidratación, como muchos menos pañales mojados, sequedad de boca o ausencia de lágrimas,
- cualquier situación que el progenitor considere repentina o que ponga en riesgo la seguridad del bebé.
Conviene solicitar una consulta programada, entre otros casos, ante:
- fiebre, tos persistente, vómitos, diarrea o sospecha de dolor,
- ronquidos fuertes y regulares, pausas respiratorias o jadeos durante el sueño,
- problemas de alimentación, escasa ganancia de peso o una disminución evidente del apetito,
- dificultades que persisten durante muchas semanas a pesar de un ritmo diario estable,
- somnolencia inusual, irritabilidad o pérdida de habilidades adquiridas previamente,
- agotamiento de los padres que dificulte el cuidado seguro del bebé.
Cuando las dificultades se relacionan principalmente con la organización del sueño, puede ser útil consultar al pediatra o a un especialista que trabaje siguiendo los principios del sueño seguro y tenga en cuenta las necesidades de toda la familia.
¿Por dónde empezar esta noche?
No es necesario cambiar todo el plan de una vez. Para empezar, elige una o dos medidas:
- una rutina simplificada y repetible,
- responder a los despertares de forma tranquila y similar,
- un pequeño ajuste de la hora de dormir si el bebé está claramente sobrecansado,
- más oportunidades seguras para practicar el movimiento durante el día,
- notas breves sobre el sueño y el bienestar durante 3–5 días.
Estas observaciones ayudan a detectar patrones y a valorar si las dificultades se relacionan principalmente con las siestas, la separación, las nuevas habilidades o el estado de salud. El objetivo no es eliminar inmediatamente todos los despertares, sino crear condiciones seguras y predecibles para dormir.
Preguntas frecuentes
¿Todos los bebés pasan por una regresión del sueño a los 8 meses?
No. La «regresión del sueño» no es una etapa obligatoria ni estrictamente definida. En algunos bebés los cambios son evidentes, en otros apenas se notan, y también pueden aparecer antes o después.
¿Cuánto puede durar el empeoramiento del sueño?
No existe una única norma. Las dificultades pueden desaparecer tras unos días o fluctuar durante varias semanas. Si aumentan, persisten durante más tiempo o se acompañan de síntomas de salud, se debe consultar al pediatra.
¿Una mayor necesidad de cercanía significa que el bebé se ha «acostumbrado» a que lo lleven en brazos?
No necesariamente. A esta edad, buscar más a menudo al cuidador puede estar relacionado con el desarrollo emocional y la reacción a la separación. Es posible responder a la necesidad de seguridad manteniendo al mismo tiempo una rutina tranquila y predecible.
¿Hay que pasar directamente a dos siestas?
No solo por la edad. Conviene observar si el bebé rechaza regularmente una siesta, tarda mucho en dormirse por la noche y funciona bien con dos siestas. Lo mejor es introducir el cambio gradualmente.
¿Es peligroso que se siente o se ponga de pie por la noche?
Practicar nuevas posturas es frecuente, pero la cuna debe estar preparada adecuadamente. El colchón debe estar a una altura suficientemente baja y no debe haber objetos dentro a los que el bebé pueda subirse. Si no sabe tumbarse, puedes ayudarle tranquilamente a cambiar de postura.
Fuentes
- HealthyChildren.org, «Separation Anxiety & Sleeping Trouble in Young Children».
- StatPearls, «Separation Anxiety Disorder».
- Revisión de la literatura sobre el desarrollo del sueño infantil («Infant Sleep Development»).
- American Academy of Sleep Medicine, «Recommended Amount of Sleep for Pediatric Populations: A Consensus Recommendation».
- American Academy of Pediatrics / HealthyChildren.org, recomendaciones sobre hábitos saludables y sueño seguro de los bebés.